En busca del Mate Perfecto

(Breve nota introductoria: este sábado 23 de mayo 2020 tuve la generosa invitación de Martín Gomez para sumar El Mate a sus proyectos de vínculos sociales, porque como bien dice en su podcast para este 25 de mayo, el covid nos impone distancias fisicas, pero no sociales y la ronda del mate es por excelencia una ceremonia con uno y con el otro. Y el texto que sigue es un fantástico friso cultural de cómo concibe cada matero su mate perfecto).

En busca del Mate Perfecto
Primera cebada
Martin Gomez – Abril/Mayo 2020 –

Grafica_Video3_Plano4La idea no sé bien cuándo se empezó a generar, quizás en mis años de estudio en la Facultad de Ingeniería Química, recuerdo un Laboratorio de Orgánica en el que hablamos de lixiviación y alguien mencionó que había hecho un estudio de lixiviación de yerba mate donde concluyó que la temperatura optima sería de 68°C.

Quizás haber sido por un tiempo el “chico del mate” en la vida de Anabel; o ¿porque no? mis días en Nueva Orleans explicando que era esa cosa rara que tomaba en público por la cual alguna vez un “bromeando” Roy Breaud insinuó realizarme un análisis de consumo de sustancias prohibidas. Por suerte Ed McGinnis quien había trabajado en Zarate en nuestra planta salió a mi defensa y me pidió un mate en medio de una numerosa reunión. Quizás fueron todas esas y algunas más que espero podamos compartir.

De cualquier modo, tengo certeza que el último empujón vino de la mano de los eventos de Marzo 2020 y el aislamiento. Con certeza el catalizador ha sido la imposibilidad de la experiencia de ese mate compartido, y todos estos momentos a puro mate con Anabel y Cande. Si es cierto que el primer mate es la puerta al mundo adulto, con seguridad que tu hija te pida le prepares sus primeros mates, porque tiene que estudiar, está ahí cerquita, en términos de intensidad, ese mate para ella no puede fallar!

Arrancó por esos días esa necesidad de tener una mirada diferente de este compañero de historias. Buscar el mate perfecto es la excusa, ¿existe?, ¿importa?. Y ¿que opinan otros a mi alrededor? ¿Ellos como lo viven?. ¡Y ¿porque no Co-Crear esa ruta, y recorrerla con otros?! ¡Ahí vamos!

Lo que me motiva es “el viaje” y si es compartido mejor, se subieron al “bondi” varios amigos y sus amigos que cuentan sobre su Mate Perfecto.

Las respuestas fueron bien diversas, después de todo la pregunta daba para eso. Les comparto algunas que entiendo representan ese crisol de sensaciones, emociones y técnica perfecta.
“Calentito, de las primeras cebadas, algo de yerba todavía seca, compartido, compañero, cómplice”. Seba A.

“Es aquel al que se le dedica tiempo, que empieza en la espera sin prisa, al lado del calentador, escuchando el sonido sutil del aumento de temperatura del agua, mientras se acomoda la yerba sobre las paredes curtidas y agrietadas del recipiente gaucho que los contiene. El mate perfecto es aquel que te regala un “¡Rico eh!” de quien le compartiste este ritual o el que te saca un sonrojo de orgullo propio si lo estás tomando solo”. Hernan P.

“El mate perfecto se toma en un porongo de boca ancha; yerba, si es orgánica mejor, con método de secado barbacua, agua a temperatura justa y por la mañana. El Mate perfecto siempre es el primero de la mañana!!!” . Ignacio S.

“Mitad de la yerba mojada, un poco de espuma, bombilla muy limpia, temperatura elevada y que alcance para dos sorbos. En mi caso (y cada tanto) apenas café en invierno o cascaritas de naranja. Amargo o apenas dulce”. Leandro B.

“Es aquel que está siempre conmigo, no importa dónde, cómo ni cuándo… el que te da una excusa para reflexionar y parar un poco”. Nico R.

“Hay dos mates para mí, que son perfectos, que no compiten, sino que se complementan:
– El mate “interior”, tomado en soledad, generalmente en silencio, en el que cuasi meditamos entre sorbo y sorbo
– El mate social, el que se comparte con amigos y/o seres queridos
En ambos casos, el lugar es importante (en especial si hay un vínculo con ese lugar, como el campo de mis viejos en mi caso), y la yerba. No da igual cualquier yerba, ni cualquier forma de cebarlo. Un mate bien cebado, puede transportarme a momentos únicos en mi vida con su sabor”. Lucas B.

“Mate Perfecto es el de esa mañana fresca, en la cual está amaneciendo en profunda soledad, donde estás solo vos con ese mate de pezuña de vaca, negro, cargado 3/4 de solo yerba, que asoma algunas burbujas propias de una buena cebada”. Battini E.

“Mate calabaza, boca ancha, sin virola de ningún tipo, ni tientos ni bases de alambre, la base es un pedazo de tiento circular que solo se usa para apoyar cuando hace falta, esta base nunca se pasa junto con el mate, sino la gente lo apoya y se olvida de devolverlo”. Laborde F.

“En realidad, a mi parecer, el mate perfecto lo hace la compañía. No suelo tomar mates sola; creo que es para compartir! Con algunos: dulce, con otros amargo, como sea, pero lo importante es lo que produce, cómo conecta y cómo une!”. Reynoso G.

“Es ese dar un mimo a los sentidos; a la vista, cuando lo ves con ese vapor humeando, con esa yerba esperando a soltar sus propiedades; al olfato, cuando al tomarlo nos llena de esos aromas que nos transportan a esas mañanas de campo humedecidas por el rocío; al tacto, cuando nos da ese calor ideal para nivelar la temperatura de nuestras manos, en esos atardeceres frescos; al gusto, cuando llena de aquellos sabores que terminan de cerrar aquellos estímulos que antes, ese elemento tan nuestro nos hace feliz por un momento y, por último, al oído, cuando al dar el último sorbo nos indica que la magia vuelve a comenzar”. Ortiz G.

La sensación que me generó recibir estos cientos de comentarios fue una de calidez, diversidad propia de este crisol de culturas que somos los argentinos, mezcla de orgullo por “su Mate” y de siempre compartir uno.
Y sé que para algunos de quienes participaron también fue un lindo viaje, eso llena el alma.

El Carva que es un amigo y titán del rugby extrañó su mate, que quedó en el laburo, y pasaba la cuarentena con un “mate raro de esos modernos y con yerba con yuyos” de su mujer,

Mi amiga de juventud Maria Silvia reflexionaba de sus encuentros con el mate: “Mí historia con el mate comenzó de muy chica. Mí papá, nieto de paraguayos, se decidió a juntar su destino con mí vieja, una mujer que nunca tomó mate, pese a haber pasado por la universidad.
Como a la tarde papá estaba en casa, tenía un taller de aficionado y como técnico electrónico pasaba horas arreglando cosas de la familia, amigos o vecinos. Obviamente, preparaba su mate y muchas veces me llamaba para que le cebe. Tenía unos 10, 11 años y como hermana mayor era la elegida para el ritual…
Pasó el tiempo, y fue perfeccionándose mi técnica para preparar y cebar, siempre amargo. Fue compañero de finales, excusa para armar reuniones, pretexto para acercarme a alguien que quería conocer. Y siempre lo consideré genial al que preparaba. Hasta que lo conocí a Edgardo, mí marido. Cómo buen hombre, nacido y criado en el campo, el mate era mucho más que una infusión. El buen mate para él requiere de tiempo y paciencia, no conozco mejor mate que el suyo. Cebado con mucha dedicación y con su yerba Unión. Su viejo mate de madera, fácil y sin esfuerzo, alcanza a rendir un litro y medio de agua sin perder su sabor.

Si hay un alimento que marca la impronta de las manos que lo procesan es el mate. En él ponemos lo mejor que tenemos los argentinos. El mate nos pertenece y nos identifica, nos suma y nos une, más allá de las pestes que nos separan.”

Y Seba A. se puso en movimiento y fue a por ”su mate”, me escribía unos días después:
” Este mate me lo regaló mi mamá cuando me estaba viniendo a estudiar a Rosario. Tenía 17 años. Creo que mi vieja lo había traído de un viaje a Misiones, hacía ya muchos años. Me acompañó mis primeros años en Rosario, mate de facultad, amigos y compañeros nuevos, Particulares 30 en soledad y aprender a vivir en la ciudad y solo. Y fue el mate que se hizo de la familia cuando me junté con Pitu.
Llevaba más de 25 años conmigo, cuando el año pasado se rajó un poquito en la
base. Perdía y no lo pude usar más. Sin dudas es el objeto más preciado que tengo. Pienso y pienso y creo que es el único objeto que lamento no tener. Una camisa militar auténtica (que uso de campera) que me regaló Chivi cuando estaba en la colimba es el segundo objeto, pero viene varios pasos más atrás.
Tal vez a raíz de tu mensaje del otro día, se me vino el mate otra vez a la cabeza, y otra vez pensé y pensé la forma de arreglarlo. No quería pegamento porque implicaba que ese pegamento iba a estar en contacto con la cebadura.
Hoy a la mañana fui a hacer el mate, y se me ocurrió, no sé cómo, la idea para arreglarlo. Le puse un corcho en el agujerito por el que perdía, que era donde lo habían puesto para tornearlo y era lo que conectaba con la rajadura interior. Como el corcho está a presión, no hay pegamento. Y el corcho se lleva bien con el líquido. Mira como quedó”.
“Me doy por hecho” Le dije… Me hiciste el dia…

No paso por la cabeza siquiera preguntarse que sentido tenia explorar “cual es el Mate Perfecto?”, en realidad hubo uno que dio unas vueltas, pero a ese ya lo conozco y lo quiero así rebelde.
También exploramos entre todos las características de ese mate perfecto y dio más o menos así….
Relevancia Aspectos En un mate la del “Mate Perfecto” importancia de…
Con quien La infusion En donde

Pareciera entonces que no existe “El Mate Perfecto”, o hay tantos como cebadores y tomadores, o si existe pero es inmaterial, o está en el imaginario de cada uno de nosotros, Quizás llega, se comparte, se pierde en ese mismo momento y después salimos en búsqueda del próximo…

No va a quedar otra entonces que seguir cebando… Vamos por la segunda Gracias…